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Ser Iglesia con coraje


“Cuando la Iglesia pierde el coraje, entra en la Iglesia la atmosfera de tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valor… Aquello que hace tanto daño a la Iglesia, porque la tibieza te ensimisma, comienzan los problemas entre nosotros; no tenemos metas, no tenemos coraje, ni el coraje de la oración hacia el cielo y ni siquiera el coraje de anunciar el Evangelio. Somos tibios… Y nosotros tenemos el valor de inmiscuirnos en nuestras pequeñeces, en nuestros celos, en nuestras envidias, en las ganas de hacer carrera, en el avanzar egoístamente… En todas estas cosas, pero esto no hace bien a la Iglesia: ¡la Iglesia debe ser valiente! Todos nosotros debemos ser valientes en la oración, desafiando a Jesús.” 

Papa Francisco
03/05/2013
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VI Dom Pascua C - Fidelidad



El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará.
 Habitaremos en él.   Juan 14:23

El demonio se caracteriza por su doblez.  El doble discurso y la doble vida son sus especialidades.  La hipocresía es su marca registrada.  El diablo no es lo que aparenta, sino mentira encarnada.  Su objetivo no es otra cosa que engañar.

En tiempos de persecuciones y falsos profetas, es importante reconocer que Satanás no suele aparecer con cachos, cola y olor a azufre, sino bajo la falsa apariencia de bien.  Viene con un discurso floreado de virtud y grandeza, y una práctica sistemática de optar por la conveniencia personal.  Hay que preguntarse, de cuando en vez, ¿qué está detrás de ese antifaz? Debajo de su traje luminoso, ¿cuál es la esencia de su sórdida y oculta verdad?  

Los auténticos discípulos de Jesús no tienen nada que ocultar.  Aun en la tormenta, son transparentes.  A pesar de la fragilidad humana, se reconocen peregrinos en el camino de la salvación; pecadores llamados al servicio de los sencillos y olvidados.  Su testimonio es coherente porque su único Señor es el Cristo de la compasión.  No hay egoísmos ni ambiciones porque no tienen otro proyecto que el Reino del amor.

Estos son los verdaderos seguidores del Príncipe de la Paz.  Su autenticidad se juega en la fidelidad.  Leales a un principio, desde el comienzo hasta el final, sacrifican el provecho propio por el bien mayor.  A manera del Cordero de Dios, saben dar la vida por los demás, sin esperar nada a cambio.  Son personas descentradas, pues, ya no viven en función de sí mismo.

En el mundo actual, se mide el desarrollo de los países en términos del los ingresos económicos.  Quien tenga más dinero pasa por más desarrollado.  Es una noción distorsionada. Si los auténticos hombres de principio se dedican al bien común sin esperar nada a cambio, serán los más pobres.  El más desarrollado sería aquél que esté dispuesto a perder todo por un ideal; el más culto, quien derroche su vida para ser fiel a un valor. 

El subdesarrollo, más que una cifra de ingreso per cápita limitado, consiste en la corrupción: un doble discurso hecho cultura, y la hipocresía transformada en ideología.  La corrupción de figuras públicas llama la atención.  Sin embargo, el subdesarrollo en sí consiste en la pequeña corrupción de cada día, la pregunta constante por cómo sacar provecho propio de los sucesos actuales, cómo agrandarse en poder, dinero y honores a cambio de palabras suaves y sonrisas falsas, las máscaras lindas pero diabólicas que siempre ocultan intensiones egoístas. 

Por su parte, el Santo Espíritu de auténtica sencillez habita en quienes permanecen fieles al amor descentrado del Reino.  Abramos el corazón a ese amor peregrino que desconoce intereses personales ni proyectos hipócritas de auto-glorificación.  Superemos el subdesarrollo con una revolución de sinceridad.  Adoptemos la cultura de bien común.  Ese es el impulso limpio de la plenitud humana, la fortuna de su Padre que Cristo nos deja en herencia.

Nathan Stone sj
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Una escalera



¿Quien quería una escalera? ¿Para qué quería una escalera?


-- ¿Quién me presta una escalera, para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?" (Saeta Popular, rimada por A. Machado) ... 
-- Pero la persona de esta escalera no quiere desenclavar a Jesús para bajarle de Cruz (para bajar a todos los crucificados de la historia...), sino quizá para evadirse, o para soñar..., quizá para ver lo que hay más allá de las nubes. 
-- Todos en un momento necesitamos algún tipo de escalera, para ayudar a las que están clavados en la cruz... o para soñar en otras posibles libertades (aunque quizá sean egoístas)

Xabier Pikaza
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LOS TRABAJADORES Y LA PARÁBOLA DE LOS TRES PODERES



Vamos a terminar el día de los sufridos trabajadores (1 DE MAYO)....
La imagen parece referirse a los trabajadores explotados,
pero hay otros que ni siquiera trabajan, de manera que les pueden robar menos
(porque les han robado todo).
Pero hay quizá otras perspectivas...


Xavier Pikaza
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Peter Pan - Aquella estrella de allá

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Confiar la Iglesia al Señor



Se puede custodiar la Iglesia, se puede cuidar la Iglesia, ¿no? Debemos hacerlo con nuestro trabajo, pero lo más importante es aquello que hace el Señor: es el Único que puede enrostrar al maligno y vencerlo. Viene el príncipe del mundo, no puede hacerme nada: si queremos que el príncipe de este mundo no se apodere de la Iglesia, debemos confiarla al Único que puede vencer al príncipe de este mundo. He aquí la pregunta: rezamos por la Iglesia, pero ¿por toda la Iglesia? ¿Por nuestros hermanos en todas partes del mundo que no conocemos? Es la Iglesia del Señor y nosotros en nuestra oración decimos al Señor: Señor, mira a tu Iglesia… Es tuya. Tu Iglesia son nuestros hermanos. Esta es una oración que debemos hacer con el corazón, cada vez más .

Confiar la Iglesia al Señor es una oración que hace crecer la Iglesia. Y es también un acto de fe. Nosotros no podemos nada, nosotros - todos- somos pobres servidores de la Iglesia: pero es Él quien puede llevarla adelante, custodiarla y hacerla crecer, hacerla santa, defenderla, defenderla del príncipe de este mundo y de aquello en lo que éste quiere que se convierta la Iglesia, o sea en cada vez más y más mundana. ¡Este es el mayor peligro! Cuando la Iglesia se vuelve mundana, cuando tiene dentro de sí el espíritu del mundo, cuando tiene aquella paz que no es aquella del Señor - aquella paz de Jesús cuando dice 'Les dejo la paz, les doy mi paz', no como la da el mundo- cuando tiene aquella paz mundana, la Iglesia es una Iglesia débil, una Iglesia que será vencida e incapaz de llevar el Evangelio, el mensaje de la Cruz, el escándalo de la Cruz… No puede llevarlo adelante si es mundana.

Papa Francisco
30/04/2013
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La historia de un ladrillo.



Siempre creí que no era importante, que no haría nunca algo que valiera la pena, algo para lo cual pudiera decir: “siento que soy útil”, pero hace algunos años... en realidad no importa cuántos exactamente; alguien se fijo en mi y creyó que era importante y que podía ayudarlo a conseguir su propósito más aun no sabía yo cual era pero ya me parecía interesante, me sentí importante para alguien por primera vez y cuando él me tomo en sus manos y me llevo con él  me dije: “ es ahora cuando empieza  lo mejor de  mi vida pues alguien se ha fijado en mi” y eso me parecía suficiente en ese momento más sin embargo me dejo por un momento cerca del escombro y creí  que me abandonaría, sentí nuevamente que nada valía, que era un inútil pero después escuche una voz que decía: Después será útil y estará en un lugar que todos quisieran  tener pero ahora es necesario dejarlo ahí donde nadie lo note, donde sólo tú y yo sepamos donde encontrarlo, ahí estará hasta que sea escogido para ser parte de algo mejor que esta barda que ahora construimos.

Y así fue, paso largo tiempo para que se fijarán nuevamente en mí y ya me sentía viejo, sucio y feo, pero un día escuche nuevamente esa voz que ya conocía y dijo:  ya es tiempo de llevarte a donde pasarás el resto de tu vida, a un lugar donde todos fijarán la vista, te pondré con otros como tú  y que ahora serán muy importantes. Y así  ha sido, desde entonces hasta hoy formo parte del altar en una capilla y como él dijo ahora somos uno solo en el cual está cada día la persona más importante del mundo, la que me dio la vida y me ha formado, aquella que me escogió para ser lo que soy ahora.

Ahora comprendo porque soy tan importante para él.

Ery López
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V Dom Pascua C - SECULARIZACIÓN


Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. 
Ámense unos a otros como yo los he amado. 
 En esto reconocerán todos que son mis discípulos. 
 Juan 13:34-35 

Junto con reconocer la legítima autonomía de las ciencias seculares, cada una operando en su área en bien de la humanidad,[1] la Santa Madre, por otro lado, reclama por la secularización en el mundo. El mayor peligro no es la secularización del mundo, sino de la Iglesia. Sin el misterio del amor como su causa y su sentido, la comunidad de los fieles no es más que una fría administración burocrática preocupada de sí misma; del poder, la autoridad y la ambición.

En los siglos XVII y XIX, los científicos se pusieron sensibles ante la intervención indebida de las autoridades en los procesos de estudio, hipótesis y experimento. El método científico requiere libertad para aceptar las conclusiones. En cambio, el método medieval, no solo en la Iglesia sino en el mundo entero, priorizaba deferencia ante la autoridad. Ante la suma de dos más dos, había que preguntarse, ¿cuánto quiere el jefe que sea? La verdad, en sí, era considerada secundaria, y la conveniencia reinaba suprema. 

Para sobrevivir, el mundo científico se alejó de la fe, volviéndose muchas veces hasta anticlerical.[2] La ciencia no podía ser honesta y deferente ante la autoridad al mismo tiempo. Optó por la verdad. Es trágico pensar que su compromiso con la verdad haya distanciado el mundo ilustrado de la institución encargada de transmitir al mundo la luz de Cristo. En nuestra época, se hacen malabares para curar esa herida histórica, pero no faltan los que la quieren agravar. A veces, las heridas históricas son rentables. Por eso, se conservan como hueso santo.

En la política ilustrada, se vivía un proceso semejante. Las monarquías absolutas del pasado, fundadas sobre el principio del derecho divino, cedían ante una nueva orden basada en la voluntad del pueblo. A través de la historia, la autoridad eclesial quedó mal parada más de alguna vez por haber respaldado a monarcas injustos y dictadores violentos. Hoy, se reconoce la separación de Iglesia y estado como ventaja para ambos. La democracia está asumida como una cosa buena. La justa aspiración al bien común mediante la autodeterminación supone la dignidad universal del ser humano, un valor compartido y promovido por el evangelio.[3]

Una vez, oí decir, no existe el amor; sólo procesos químicos. Si son procesos químicos, entonces, a drogarse, se dijo. Pero la misma ciencia, cuando sea honesta, no promueve eso. Se trata de un dicho.[4] Hay más que procesos químicos involucrados en el amor. Al mismo tiempo, el método científico sólo permite observar los procesos químicos, sin especular sobre factores teóricos o metafísicos. Los dos elementos son compatibles. La materia observable está inhabitada por divina energía inefable. Sin embargo, si se busca ayudar a los que necesitan, hay que ser práctico, sin entramparse en las cosas que la ciencia no puede resolver. 

El estudio científico tiene su rayado de cancha. Al jugar la pelota, se juega dentro de la cancha. Eso no quiere decir que no hay otros partidos que se juegan en otras canchas. 

A la luz de la fe, el mundo material con toda su complejidad científica está infuso de presencia divina. A partir de las partículas subatómicas y penetrando hasta el misterio de la consciencia humana, se observa un prodigio transcendente engendrado por amor. La vida que ocasionalmente acontece en la materia no tiene explicación empírica. Solo cabe maravillarse.

El proyecto social de toda humanidad, con sus desafíos de distribución, organización y convivencia, puede entenderse en términos de conflictos de interés. Puede ser estudiado por la estadística y resuelto por la fuerza. Por otro lado, puede entenderse como una gran oportunidad para amarse los unos a los otros, para dar cada uno generosamente de sí para el bien de los demás. La estadística no es mentira, pero no da cuenta de la presencia del amor.

El hombre secularizado suele tratar al mundo como si no tuviera alma. El mundo desalmado es su basural. Nuestra actual crisis ecológica se debe en parte a lo que Gabriela Mistral llamaba la frivolidad: La materia está delante de nosotros, extendida en este inmenso panorama que es la naturaleza… Es frivolidad pensar que una creación portentosa no tiene otra finalidad que desangrarse en polvo, después de brillar un millón de años… Los artistas, al mirar el mundo exterior, tienen la intuición del misterio.[5] Si recuperamos esa intuición del misterio, quizás podamos aprender a usar la honesta veracidad de la ciencia secular, junto al compromiso solidario en el consenso político, para dar cauce a la visión de cielos nuevos y tierras nuevas que tenemos inscrita en el corazón desde la resurrección de Jesús.

La Iglesia no cumple su misión profética si ella misma no está viviendo envuelta en la absoluta prioridad del amor desinteresado. Si ella no ama radicalmente como Cristo amó, no puede señalar el misterio del amor transcendente en todas las cosas. Si el Pueblo de Dios se hunde en su fría administración institucional, se apaga el fuego del Espíritu Santo. Si el Cuerpo Místico no es luz de comunión fraterna, queda colonizada por su propia burocracia prepotente. Su dulce armonía se transforma en disonante lucha de poder. Si la autoridad es más importante que la honestidad, se rinde homenaje a la mentira, la prepotencia y el sinsentido. 

Detrás de la institución y sus procedimientos, tiene que haber más que procesos caóticos y conveniencias políticas. Decía un poeta inglés, el mundo está repleto de la gloria de Dios.[6] En su carta a los obispos de Argentina, el Papa Francisco exhorta a salir del encierro autorreferencial, del narcisismo mundano y del clericalismo sofisticado para así replantearse en claves de misión. Para superar su propia secularización, la Iglesia ha de redescubrir la dulce y reconfortadora alegría de evangelizar, de llegar a los de lejos dando testimonio auténtico del amor solidario de Cristo Resucitado. 

Nathan Stone sj

[1] Segundo Concilio Vaticano, Gaudium et spes, (1965), 36. La declaración no implica que toda investigación, ni menos, todo avance tecnológico, ha acontecido en bien de la humanidad. [2] Eso, a pesar del discurso político de igualdad y libertad propia de la ilustración. [3] Gaudium, op. cit., 27 e 29. [4] La figura literaria se llama hipérbole. [5] Gabriela Mistral, El Sentido Religioso de la Vida, 1924. [6] Gerard Manley Hopkins sj, God’s Grandeur, 1877.
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Invito a todos...


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No gritará, ni alzará su voz



Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. 
 Juan 10:27


Los ruidos fuertes causan daño irreparable al oído. Un sonido de ochenta y cinco decibeles (equivalente al ruido producido por el motor de un tractor) puede resultar en daño permanente después de ocho horas. Por eso, los que trabajan con maquinarias pesadas deben usar protección. Un retumbo de cien decibeles (equivalente a los audífonos de un tocador de mp3 en su volumen máximo) puede resultar en daño permanente después de quince minutos. Sobre ciento veinte decibeles (una explosión, trueno o tiro de un armamento) puede causar daño instantáneo y permanente. La degeneración es acumulativa. El afectado no lo nota. Reclama que los demás no están modulando.

Otra cosa importante, el ruido fuerte y constante suele causar ansiedad, impaciencia y agresividad. Quienes viven o trabajan en lugares donde son expuestos a mucha contaminación acústica, o los que deben convivir con ellos, sufren las consecuencias.

En Jonestown, una colonia religiosa en la república caribeña de Guyana, Pastor Jim Jones es recordado por haber mandado su congregación de novecientas personas, incluyendo mujeres, ancianos y niños, a tomar bebida con cianuro en 1978. Él había ensayado el suicidio masivo varias veces con un brebaje no letal, diciendo que era una prueba de lealtad y obediencia. Esta vez, no fue broma. Muchos tomaron sin reclamar, a pesar de ver a sus seres queridos morir delante de sus ojos. Otros recuperaron su cordura, intentaron fugar y fueron inducidos por la fuerza.

En 1972, en medio de acusaciones y escándalos, Pastor Jones había huido de California, donde tenía una iglesia con más de veinte mil feligreses, a Guyana. La colonia ya estaba preparada. Algunos encontraron que era un paraíso tropical. Otros veían un campo de concentración bien financiado. El Pastor era conocido por su estilo autoritario.

Sin entrar en detalles, (hay muchos), el dato interesante es que en Jonestown, la comunidad fue sometida a la voz de Pastor Jones por alto-parlante, día y noche, en vivo y grabado, con el volumen al máximo. Su voz era ineludible. Logró la adhesión masiva y total de sus seguidores. Pastor Jones usaba el ruido fuerte e incesante para lavar el cerebro, colonizar la conciencia y someter. A la hora de tomar veneno, la gente ya no tenía voluntad propia. Había sido completamente dominada por el grito desquiciado de un fanático.[1] Por otro lado, tenemos el Buen Pastor. No grita. Sus ovejas responden con libertad y alegría porque conocen su voz. El discípulo reconoce ternura en la voz del Resucitado. No habla a través de terceros, sino directamente al corazón. Un vicario terrenal, por más sabio que sea, sólo puede ayudar a oír el susurro divino. No puede suplantarlo. El Buen Pastor se reconoce, además, por su bondad y cordura. Su llamado es bueno y razonable. No convoca a locuras ni violencias. Su proyecto es audaz, pero alcanzable. Los llamados a fe ciega son falsos. En el rebaño de Cristo, no existe el culto a la personalidad.

Si el Buen Pastor susurra con sincera ternura al corazón, ¿cuál es el afán de proclamar la palabra de Dios con el volumen al máximo? ¿Por qué tanta devoción al santo micrófono y la bendita amplificación? Hubo un tiempo en que ni existían. San Pablo no usaba ni megáfono, pero se hacía oír por la autenticidad de sus argumentos. Los predicadores estudiaban la impostación de la voz, y la cordura del argumento. El pueblo hacía un esfuerzo por estar atento y escuchar. Con buena respiración, bastaba. El Espíritu Santo hacía lo demás. Ahora, el pueblo siente que faltó devoción si no se hizo la competencia al espectáculo mundano. Los encuentros religiosos generan más decibeles que Guns and Roses.

Hay un elemento práctico. Los técnicos de la amplificación suelen gozar mostrando lo que su equipo es capaz de hacer. Algunos están quedando sordos por consecuencia de su oficio y, por eso, no lo encuentran tan fuerte. Además, muchos no tienen ninguna formación en la fe que les permite distinguir entre un recital metalero y que la proclamación del evangelio.

Creo que, por otro lado, la comunidad cristiana está con la idea de que, si se escucha la palabra, a dos cuadras de la Iglesia, no tienen porque salir a evangelizar. Con el volumen a full, se escucha en toda la cuadra, y el pueblo calcula que quedó eximido del llamado a llevar la buena noticia a los de lejos.

Además, creo que el afán de hacer religión con el volumen al máximo es una consecuencia de la antropología luterana. Martín Lutero hizo muchas críticas válidas de los procedimientos de la Iglesia en su tiempo, pero formuló una especulación sobre la naturaleza humana que abrió la puerta a un estilo de evangelización que es años luz del estilo de Jesús. Afirmó que la naturaleza humana quedó permanente e irreparablemente dañada por el pecado de Adán. Según Lutero, la humanidad entera heredó una inclinación irresistible a la maldad. Entiéndase; concupiscencia, egoísmo, corrupción, violencia, lujuria, avaricia, robo, mentira y todo lo demás. Cosas malas. La única posibilidad de salvación, a su modo de verlo, era dejarse colonizar por una fuerza externa que anula la propia naturaleza para trasplantar alguna cosa diferente. Se supone que aquella fuerza ajena tenía que ser el Espíritu Santo,[2] y que siempre acontecía en un arrebato único y fulminante, como el que tuvo San Pablo. Por eso, la devoción protestante al día que su vida cambió.[3]

El problema es que esa dinámica colonizadora no respeta ni la dignidad ni la libertad de las personas. Por lo demás, quedan vulnerables a la colonización por algún espíritu no tan santo. Si el pueblo cree que nada bueno puede salir de su propio corazón, se expone a la manipulación totalizador y coercitivo, suponiendo que, de eso, depende su salvación. El psicólogo alemán Erik Erikson propuso que la dinámica luterana dejó al pueblo alemán indefenso ante el fenómeno del nazismo.[4] Jonestown, en Guyana, se fue por el mismo camino.

Bajemos el volumen. Estamos quedando sordos, literalmente. Dejen los alto parlantes para los roqueros. Hay una diferencia entre la conversión y el lavado del cerebro. Se reconoce la suave voz del Buen Pastor, siempre y cuando se pueda escucha por sobre la contaminación acústica. Cristo llama, y espera una respuesta libre, cuerda y feliz. El Buen Pastor no grita. La vocación verdadera se descubre en el silencio íntimo de una amistad sagrada. 

 Nathan Stone sj 

Dom IV Pascua C

[1] En algún momento, Jones descartó la Biblia, diciendo que él mismo era el salvador. 
[2] Por lo visto, una fuerza contraria, y no complementaria, de la naturaleza humana. 
[3] En verdad, para algunos, la conversión es así. Para otros, acontece de a poco.
[4] Erik Erikson, El Joven Lutero, 1958

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